Metabolismo
El metabolismo es el proceso
que convierte los alimentos ingeridos en energía. El factor más importante en
el desarrollo de este proceso es la
insulina, una hormona segregada por el páncreas.
Durante la digestión, los
alimentos se descomponen para crear glucosa, la mayor fuente de 'combustible'
para el cuerpo. La glucosa pasa a la
sangre, donde la insulina facilita su entrada en las células.
Si este proceso falla, por un
lado, se "priva al cuerpo de su
principal fuente de energía y, por otro, puede dañar los vasos sanguíneos, los
riñones y los nervios, así como producir complicaciones relacionadas con el
corazón, el sistema circulatorio y la vista", según el estudio 'La diabetes
de Tipo 2. Estudio Crítico de Situación', de 2012.
La
diabetes mellitus, la más común.
Existen varios tipos de
diabetes. La más común es la diabetes
mellitus, aunque también existen la gestacional, la MODY o monogénica, la secundaria (inducida por
enfermedad, cirugías, medicamentos...).
Dentro de la diabetes mellitus hay dos tipos:
- Diabetes mellitus tipo 1. El páncreas no produce o
produce poca insulina.
- Diabetes mellitus tipo 2. Las células del cuerpo no responden a la insulina.
- Diabetes mellitus tipo 2. Las células del cuerpo no responden a la insulina.
El tipo 1 es más frecuente entre niños y jóvenes. El
10% de los diabéticos padecen esta forma del trastorno. La diabetes tipo 2 se
da más entre mayores de 40 años. Sin embargo, según apunta el doctor Alfonso
Calle, Jefe de Servicio de Endocrinología, Metabolismo y Nutrición del Hospital Clínico San Carlos de Madrid,
"la de este último tipo, es cada
vez más frecuente a partir de los treinta años".
Visión borrosa, hormigueo,
entumento
Tener una visión distorsionada o ver destellos
ocasionales de luz son una consecuencia directa de los niveles altos de azúcar en la sangre.
La visión borrosa es un problema de refracción. Cuando
el nivel de glucosa en la sangre es alto, cambia la forma de la lente y el ojo.
Este síntoma es reversible una vez que los niveles de azúcar en la sangre
regresan a un nivel normal o casi normal. Sin embargo, si se permite que el
azúcar en tu sangre no esté controlado durante mucho tiempo, la glucosa puede causar un daño permanente,
incluso, la ceguera.
Por otro lado, el hormigueo o el entumecimiento en las
manos y en los pies, además de ardor o hinchazón, son también signos de que los
nervios están siendo dañados por la diabetes.
Si los síntomas son recientes, es probable que esto
sea reversible. Pero si hay niveles altos de azúcar en la sangre durante largo
tiempo, el daño puede ser permanente. En casos extremos puede llevar a la
amputación de miembros.
Fatiga e irritabilidad
Cuando la gente tiene niveles altos de azúcar en la
sangre, dependiendo de cuánto tiempo conviva con ello, puede llegar a
acostumbrarse a sentirse mal de forma crónica.
El tenerse que levantar al baño varias veces durante
la noche hace que cualquier persona, al no dormir bien, esté cansada. Si a esto
se añade el esfuerzo extra que el cuerpo realiza para compensar la deficiencia
de glucosa, el cansancio aumenta.
Cicatrización
lenta
Tanto los problemas del paso
anterior, como los siguientes, raramente se producen sin que la enfermedad ya
haya sido diagnosticada de ahí la "importancia
del cribado en población de riesgo a través de los análisis periódicos de
sangre", como sugiere el doctor Gómez.
A partir de una glucosa de 126
mg/dl -cuando se considera ya que se ha adquirido la diabetes- y hasta 180 "el organismo ya está sufriendo daños
cardiovasculares, aunque el paciente puede no estar padeciendo los síntomas, o
éstos pueden ser apenas perceptibles", afirma el doctor.
Las infecciones, cortes y
contusiones que no se curan rápidamente son otro signo clásico de la diabetes y
que se hacen más evidentes en enfermos ya diagnosticados. Suele ocurrir porque
los vasos sanguíneos están siendo dañados por la excesiva cantidad de glucosa que viaja por venas y arterias.
Esto hace que sea difícil para la sangre -necesaria para facilitar la
curación- llegar a las diferentes partes del cuerpo