lunes, 13 de marzo de 2017

Sintomas



   Metabolismo

  El metabolismo es el proceso que convierte los alimentos ingeridos en energía. El factor más importante en el desarrollo de este proceso es la insulina, una hormona segregada por el páncreas. 

     Durante la digestión, los alimentos se descomponen para crear glucosa, la mayor fuente de 'combustible' para el cuerpo. La glucosa pasa a la sangre, donde la insulina facilita su entrada en las células.

     Si este proceso falla, por un lado, se "priva al cuerpo de su principal fuente de energía y, por otro, puede dañar los vasos sanguíneos, los riñones y los nervios, así como producir complicaciones relacionadas con el corazón, el sistema circulatorio y la vista", según el estudio 'La diabetes de Tipo 2. Estudio Crítico de Situación', de 2012.

La diabetes mellitus, la más común. 


     Existen varios tipos de diabetes. La más común es la diabetes mellitus, aunque también existen la gestacional, la MODY o monogénica, la secundaria (inducida por enfermedad, cirugías, medicamentos...). 

Dentro de la diabetes mellitus hay dos tipos:

- Diabetes mellitus tipo 1. El páncreas no produce o produce poca insulina.
- Diabetes mellitus tipo 2. Las células del cuerpo no responden a la insulina.

     El tipo 1 es más frecuente entre niños y jóvenes. El 10% de los diabéticos padecen esta forma del trastorno. La diabetes tipo 2 se da más entre mayores de 40 años. Sin embargo, según apunta el doctor Alfonso Calle, Jefe de Servicio de Endocrinología, Metabolismo y Nutrición del Hospital Clínico San Carlos de Madrid, "la de este último tipo, es cada vez más frecuente a partir de los treinta años".
 
Visión borrosa, hormigueo, entumento

     Tener una visión distorsionada o ver destellos ocasionales de luz son una consecuencia directa de los niveles altos de azúcar en la sangre. 

     La visión borrosa es un problema de refracción. Cuando el nivel de glucosa en la sangre es alto, cambia la forma de la lente y el ojo. Este síntoma es reversible una vez que los niveles de azúcar en la sangre regresan a un nivel normal o casi normal. Sin embargo, si se permite que el azúcar en tu sangre no esté controlado durante mucho tiempo, la glucosa puede causar un daño permanente, incluso, la ceguera. 

     Por otro lado, el hormigueo o el entumecimiento en las manos y en los pies, además de ardor o hinchazón, son también signos de que los nervios están siendo dañados por la diabetes. 

     Si los síntomas son recientes, es probable que esto sea reversible. Pero si hay niveles altos de azúcar en la sangre durante largo tiempo, el daño puede ser permanente. En casos extremos puede llevar a la amputación de miembros.
  


Fatiga e irritabilidad


     Cuando la gente tiene niveles altos de azúcar en la sangre, dependiendo de cuánto tiempo conviva con ello, puede llegar a acostumbrarse a sentirse mal de forma crónica. 

     El tenerse que levantar al baño varias veces durante la noche hace que cualquier persona, al no dormir bien, esté cansada. Si a esto se añade el esfuerzo extra que el cuerpo realiza para compensar la deficiencia de glucosa, el cansancio aumenta.
Y estar cansado te hará estar irritable.


Cicatrización lenta

     Tanto los problemas del paso anterior, como los siguientes, raramente se producen sin que la enfermedad ya haya sido diagnosticada de ahí la "importancia del cribado en población de riesgo a través de los análisis periódicos de sangre", como sugiere el doctor Gómez. 

     A partir de una glucosa de 126 mg/dl -cuando se considera ya que se ha adquirido la diabetes- y hasta 180 "el organismo ya está sufriendo daños cardiovasculares, aunque el paciente puede no estar padeciendo los síntomas, o éstos pueden ser apenas perceptibles", afirma el doctor. 

     Las infecciones, cortes y contusiones que no se curan rápidamente son otro signo clásico de la diabetes y que se hacen más evidentes en enfermos ya diagnosticados. Suele ocurrir porque los vasos sanguíneos están siendo dañados por la excesiva cantidad de glucosa que viaja por venas y arterias. 

     Esto hace que sea difícil para la sangre -necesaria para facilitar la curación- llegar a las diferentes partes del cuerpo